Tu inevitable muerte

A la memoria de mi hermano José Maria

Eran las nueve en punto de la noche

de aquel cuatro de Julio maldecido,

y tras las nueve campanadas de la muerte

se fundió tu último suspiro.

Y se durmió tu sonrisa, hermano mío,

dejándome escapar de entre mis dedos

el último de todos tus latidos:

aquel que puso fin a tus anhelos.

Yo sabía que era inevitable

la cuenta atrás que tu advertías;

yo sabía hermano, que la muerte,

estaba sedienta de tu vida.

Lo sabía sí, y me mentía,

soñando en un milagro inexistente.

Yo sabía que era inevitable

que te ausentaras, hermano, para siempre.

Ya no jugaremos más a ser felices

como aquellos dos niños de posguerra,

con cualquier cosa, simulando,

poseer el juguete más deseado de la tierra.

Ya no jugaremos más, José Maria;

que el juego de la vida se ha truncado,

y ya en la paz de la Gloria habitas…

Ya no jugaremos más, querido hermano.

Francisco Barbachano

Published in: on 28 agosto, 2008 at 12:30 am  Dejar un comentario  

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