Desde mi aposento

En la calle angosta de tristes silencios

donde aquellos años de niños han muerto,

y ya sólo quedan los viejos recuerdos

de pantalón corto y añorados juegos;

te he visto pasar desde mi aposento

de ese cuarto piso, donde me hago viejo.

Ibas muy erguida, con tu paso lento,

como paseando en los viejos tiempos;

después de decirnos, entre risotadas,

un montón de cosas y darnos un beso;

que me ha parecido desde mi aposento

escuchar tu risa y sentir tu beso.

Qué solos estamos, ¡Virgen del remedio!,

yo en un cuarto piso, con mis pensamientos,

y tú, paseando sola junto a tus recuerdos,

sin nunca atreverte a mirar al cielo

para que mis ojos, desde mi aposento,

no vean la luz de tus ojos negros.

Los años no pueden borrar los recuerdos

por más que los dos ya seamos  viejos,

y entre soledades y largos silencios

coincidamos ambos en el pensamiento.

Que esta calle angosta de adoquines viejos

es la cuna eterna de nuestros secretos.

Francisco Barbachano
Published in: on 5 septiembre, 2008 at 4:32 pm  Dejar un comentario  

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