Crítica literaria de “Cuaderno de rapsoda y breve manual práctico”

Carlos Benítez Villodres:
Mi insigne amigo: poeta, escritor y crítico literario malagueño, Carlos Benítez Villodres. (Esa crítica se publico en el semanario granadino “Granada Costa” y en la página Web del crítico malagueño).

EL ARTE DE DAR VIDA A LOS POEMAS

CUADERNO DE RAPSODA Y BREVE
MANUAL PRÁCTICO

Francisco BARBACHANO RABELLA
Tarafa Editora de Publicaciones S. L., Barcelona, 2000, págs. 98


El presente libro de Francisco Barbachano Rabella, actor y rapsoda, poeta y escritor barcelonés, aunque editado por vez primera en el año 2000, tiene y tendrá una vigencia atemporal por el tema que trata: el rapsoda y su mundo, independientemente de su parte práctica. Además, de considerarlo un ensayo, esta obra se encuadra también dentro del marco de la historia de la literatura española y universal. Un libro este único en su género e imprescindible para los amantes de la poesía, ya sean creadores, o rapsodas, o lectores…

Etimológicamente el vocablo rapsoda proviene del griego rhapsodós, de rhápto (coser) y odé (canto). Por lo tanto, literalmente es “el que cose los cantos”, es decir, un rapsoda es el que en la Grecia Antigua iba de pueblo en pueblo cantando o recitando trozos de los poemas homéricos u otras composiciones épicas sobre la historia nacional o de determinada comunidad, reyes, próceres del país, hazañas, victorias militares… Homero fue un rapsoda (siglos IX a. C.-VIII a. C.), ya que viajaba de pueblo en pueblo, leyendo él mismo sus obras, la mayoría de las veces en fiestas populares, ferias, etc. También a Hesíodo (siglos VIII a. C.-VII a. C.) la historia lo considera un excelente rapsoda.

Anteriormente al rapsoda existió el aedo (del griego aidós -cantor-). Éste utilizaba para sus cantos o recitales un acompañamiento musical (la forminge, la aulós, la syrinx, la syrinx polykátana, la cítara y la lira), mientras que el rapsoda no. Ambos estaban sujetos a un texto escrito, por lo que no podían improvisar. El rapsoda, sin embrago, usaba el “rapdos” o vara, que le servía para acompañar su canto. Tanto los aedos como los rapsodas poseían una mente prodigiosa, al igual que los rapsodas de todos los tiempos. Si los griegos comenzaron a escribir hacia finales del siglo XI a. C. con un alfabeto de origen fenicio y los aedos fueron sustituidos por los rapsodas en el siglo VII a. C., se deduce que hubo un tiempo anterior a la última década del siglo XI a. C., en el cual los aedos no pudieron utilizar apoyo escrito alguno.

Como la poesía épica tuvo su mayor esplendor en el siglo VIII a. C. con Homero y Hesíodo, ésta fue cantada por aedos y posteriormente recitada o cantada por rapsodas. No olvidemos que la creación de la épica tuvo una importancia fundamental, ya que fue el principal medio que unificó la lengua griega.

En el Prólogo el propio autor nos dice: “Soy consciente de mi osadía al exponer a la luz este trabajo, pese a que con él no pretendo ir más allá de la reflexión al dejar atrás algunos años de experiencia por esos benditos escenarios; todos ellos pequeños santuarios donde tuve la oportunidad de ofrecer un buen número de recitales poéticos y la fortuna de formar parte de relevantes compañías del teatro español”. Más adelante manifiesta Barbachano Rabella: “Todo lo que se hace encima de un escenario es importante y debe hacerse con pasión y con dignidad. Por eso, me gustaría que esta reflexión, en forma de manual práctico, fuese mínimamente útil para pulir ligeros defectos que no siempre, por nosotros mismos, somos capaces de descubrir en ese difícil `arte del bien decir´”. Y en el parágrafo siguiente, entre otras cosas, expresa: “…ya que él (se refiere al rapsoda) y sólo él es el centro de atención del público que, al escucharle, juzgará sus dotes especialmente su dicción…”

“Cuaderno de rapsoda y breve manual práctico” está dividido en varias partes. En la primera, nos encontramos con los capítulos “El rapsoda”, “La rapsoda”, “Mi encuentro con Josep Pla”, “El autor. El poeta”, “El actor”, “El recital”, “El concurso”, “La mente en blanco”, “Desde el patio de butacas” (breves reseñas de insignes rapsodas relacionados con Barbachano: Ricardo Navarridas, Ricardo Ardévol, Enriqueta Carrillo, Joan Doménech, Rosa Trina, José María Cavé, Antonio Reyna y Raimon Rafás, todos ellos con sus fotografías respectivas), “El futuro” (Victoria Plaza y Raúl Gragera, jóvenes rapsodas) “Los grandes” (Manuel de Mozos y Manuel Benítez Carrasco), “Los `nidos de arte´” (Manuel Pujales García), “Escribir y recitar para niños” (Gloria Fuertes y Ayes Tortosa), Una nueva experiencia” (radio Onda Rambla con Goyo Prados y Frederic Sala) , “Las tertulias” (Marina de Castarlenas, La Luna, Café de l`Opera), “El público” y “Los medios de comunicación” (Luis del Olmo). Esta primera parte está ilustrada por sendas fotografías (Homenaje a la figura del rapsoda; Antonio Sola, recuerdo póstumo; Joseph Pla; Jaime Anfruns; Voces de la radio: Ricardo Palmerola, María Dolores Gispert, Esperanza Navarro y José Luis Barcelona; Un merecido honor (Alejandro Ulloa, Medalla de Honor del Ayuntamiento de Barcelona 1999); Galería de rapsodas; y De Manuel del Campo -seudónimo del autor- a Francisco Barbachano). Además, en esta primera parte aparecen distintas carteleras, programas de recitales y portadas de inmortales poemarios. Asimismo, se puede leer “El himno a la Tertulia Artística Marina Castarlenas” (Letra de Mariana y Música de Sergio Leman) y el poema “Mi amigo y yo” (un romance escrito por el autor del libro, con dos personajes: el amigo, Manuel del Campo, -seudónimo de Barbachano-, y el propio poeta).

La segunda parte o “Breve Manual Práctico” comienza con una cuarteta asonantada o tirana, cuya autoría es de Carmen Sánchez Ibáñez, en la que define al rapsoda; a ésta le sigue un poema arromanzado de Francisco Barbachano: “`El arte del bien decir´ / es el arte del rapsoda; / que valedor del poeta / va desgranando su obra / con su voz y su dicción; / acariciando romances, / sonetos, rimas y odas. / Es la palabra serena; / sobriedad en la figura, / gesto altivo o de humildad; / risa y llanto en un instante, / desdoblamiento sereno, / según el verso lo mande”. /…

En esta parte el lector se encuentra con los siguientes apartados: “La tónica”, “La voz”, “Emisión de la voz”, “Mantener el tono”, “Ortofonía y dicción”, “La mímica. El gesto”, “Meterse en el personaje o argumento”, “Las manos”, “La técnica”, “La coma alta” (Enrique Borrás, quien mejor utilizó este procedimiento), “La memoria”, “Movilidad del rapsoda”, “Indumentaria”, “El idioma”, “Después de un recital”, “Repertorio”, “Crítica constructiva”, “Comentarios chismográficos” (El publico y El compañero), “Recriminación”, “Mosaico de rapsodas” (“relación de rapsodas, refiere Barbachano, actores y actrices del teatro y de la radio e insignes poetas de la historia, del pasado y del presente”) y “Confesión”. Ilustran esta segunda parte fotografías de diversas portadas de discos y CD de famosos rapsodas (Gabriela Ortega, Alejandro Ulloa, Luis del Olmo, José Luis Barcelona, Nati Mistral y Ricardo Ardévol). Del mismo modo, la ilustran fotografías de poetas, rapsodas, actores, actrices… inolvidables.

La tercera parte de la obra la forma un álbum de fotografías correspondientes a las actividades del autor como actor de teatro y rapsoda.

Concluye el libro con un “Epílogo” que finaliza con estas palabras de Francisco Barbachano: “Ojalá lo consideren (su trabajo para crear este obra) ameno en su sencillez y acaso útil, especialmente los rapsodas noveles, pues ése ha sido mi principal afán, un tanto nostálgico y un mucho poético al realizarlo.

En todo caso, la bibliografía dedicada a los rapsodas es casi nula. Sirva, pues, este conjunto de palabras e imágenes como homenaje a todos aquellos, cuya vida se ha identificado, rindiendo culto a ese difícil “arte del bien decir”.

Francisco Barbachano Rabella nació en plena guerra civil española en la emblemática barriada barcelonesa de Les Corts. Sus primeros recuerdos se remontan al pan y las virutas del horno y del carpintero que flanqueaban el inmueble número 112 de la calle Rosellón, donde vio la luz por vez primera.

Desde muy temprana edad se sintió inclinado por el mundo de las artes y las letras especialmente el teatro y la poesía.

Ha formado parte de importantes compañías teatrales, utilizando en la primera época el seudónimo artístico de “Manuel del Campo”, como ya ha quedado reseñado. Ha recorrido nuestra geografía dando numerosos recitales poéticos, además de sus largas incursiones en la radio.

Pese a no haber abandonado nunca su actividad literaria, es en las últimas décadas cuando se ha dedicado de forma más activa a su labor de escritor y poeta. Algunos de sus poemas son recitados por relevantes figuras de la escena, así como por excelentes rapsodas de ambos sexos, los cuales forman parte de su discografía. Ha publicado varios libros y colaborado en muchos otros de forma colectiva. Su última obra: “Desgranando Sentimientos”, vio la luz el pasado mes de Abril de 2006, con motivo de los actos de celebración de la Fiesta del Libro. Colabora en diversas publicaciones españolas como poeta y articulista; y está en posesión de numerosos premios y galardones obtenidos a lo largo de su carrera.

Carlos Benítez Villodres

Portada “Cuaderno de rapsoda y breve manuel práctico” de Francisco Barbachano
Published in: on 8 septiembre, 2008 at 2:43 am  Dejar un comentario  

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